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sábado, 1 de septiembre de 2012

"OLIMPIADAS Y RELIGION"


"Poncio Pilato, el gobernador romano de Judea, cuando presento a Chus, un colega con barba, ante la multitud hostil que, voluntariamente o no, esperaba solventar el futuro de mi amigo el reo, se expreso hablando de él en este termino: Ecce homo.
Hasta aquí todo normal teniendo en consideración que aquél era el idioma hablado en un latín raro y absurdo que nos han intentado enseñar en segundo de bachillerato.

En español tendría titulo de culebrón misógino con una audiencia media del veintitrés por ciento del share en las horas de la siesta.

Cuando aquel individuo salió a escena con una corona de espinas, aquel gobernador se refirió a él en aquellos términos:
-“He aquí el hombre”- nos dice San Juan en el evangelio en el pasaje completo de la escena más dramática de la Pasión.

Paranoias bíblicas dicen algunos.

Actualmente una de las representaciones pictóricas de tal noble momento, ha sido noticia de los informativos televisivos en los que jamás nos veremos reflejados, espacios subvencionados de información enfocada a la visión, liberal, de aquel que pone la pasta en la productora.
La noticia surgió de aquella misionera de barrio, mujer discípula impaciente del querer servir a una causa común a todos los mortales sedientos de algo en que creer.
Monjas disfrazadas de civiles que reinan en las alcobas viejas de los inmuebles viejos de la desesperación.
Personajes que lloran, rezan, sufren y limpian los cuartos oscuros del pecado aquel que un día se pudo cometer.
Una de ellas, en pleno orgasmo simbiótico con el reino celestial, de repente, limpió demasiado aquella obra de arte expuesta a una taquilla necesaria.
Y pobre de aquél que no valora la necesidad de un colectivo refugiado a las cenizas del pasado.
¡Cuidado!.

Y el arte se difumino en publicidad.

La obra titulada como el pasaje religioso del que anteriormente os puse en situación (lo de alerta o no os lo dejo a vuestro libre albedrío) pasó a convertirse en mito.
Lo bueno y malo de las redes sociales es que, por ejemplo, conseguirán, queridos lectores, que alguna lea disimuladamente este texto sin tener que contar nada a la familia.
También conseguirá que los mortales urbanitas conozcamos el “Ecce homo”.
Bueno o malo no sé si será para las nuevas generaciones.

Para mí, humilde servidor, refleja todo aquello de lo que no se debería de hablar y, valga la redundancia, de lo que se habla para tapar otros temas.
Las olimpiadas reflejaron exactamente lo contario a aquel lema que nos inculcaron a base de sarcasmos bíblicos en los que, la obviedad, se ocultaba bajo cuentos infantiles de seres que una vez existieron a su manera.
Probablemente no entendáis el lugar donde quiero llevaros, pero aparte del hombre, existió la mujer.

Y ellas, las más bellas, son capaces de no saber donde buscar el espíritu celestial con el que se las engendro.

Eva jodio el paraíso, no lo olvidemos.

La sociedad, abierta con el tiempo pero anclada todavía en ciertos pasados oscuros, las preparó para seguir una lucha abierta contra todo y todos los que de vez en cuando merodeábamos por allí.
Ejemplos, como los de estas ultimas citas olímpicas, nos hacen reflexionar y valorar un trabajo de superación lo suficientemente importante como para valorar ese espíritu femenino de pura constancia, cosa que humildemente se puede hacer en soledad, digo lo de valorar, para intentar entender ese universo paralelo, pero, y os digo de corazón, hacerme caso y ya empezar a dejar de joder.

El placer no esta en follar decían en una película.

Pero sigamos siendo medianamente devotos a la mística del creyente aquel que basa su futuro en las causas perdidas de aquella sombra femenina en la pared de un baño repleto de azulejos blancos.

Y por tanto, entonces, cambiemos de parecer.

Quizá fue Adam por su indecisión el que jodio la marrana.
No lo sé.
Estaba, como dicen ellas, quizás un poco ausente de la transcendencia vital de aquel momento ovulatorio en el que, supongo, desconocía que me encontraba.
Movidas absolutamente planetarias, queridas mías, que espero entendáis en el discurso masoca de alguien lascivo."

Con aquellas palabras se dirigió lentamente a la sacristía.

Lo fácil fue abandonar lo votos.

Lo jodido acababa de empezar.

miércoles, 25 de julio de 2012

"YO SOY ESPAÑOL"


Desde aquellos maravillosos años en los que, como decirlo, las cosas se veían desde el carisma de un optimismo moderado, el tiempo no ha conseguido renegociar las ceremonias del canguelo con las tribulaciones pasionales de la dualidad de un deseo que a lo mejor tuvimos en la hoguera de San Juan.
Es cierto que las cosas eran diferentes antes.

No sé si recordáis, yo me acuerdo perfectamente, de que antes ganábamos todos los amistosos del mundo y entrábamos en las fases finales con el pecho demasiado fuera como para valorar el grueso de una competición que siempre se llevaban otros.
Eran otros tiempos.
Eran épocas de paz y después gloria en las mentes de aquellas generaciones de hombres y mujeres trabajadoras que anteponían su sacrificio a la voluntad de unos vástagos hambrientos de ganas de comerse un mundo plural al disponer, bendita gloria, de múltiples opciones de enorgullecer a sus antecesores administrando, eso sí, oportunidades que sus antecesores jamás pudieron ni tan siquiera imaginar.
Eran tiempos de cambio en época de crisis con el sueño de envejecer tranquilamente después de una vida dedicada a la familia.

Por aquella hasta llegamos a una final de un Europeo que Platini se encargo de joder.

Y la familia, esa familia a la que algunos actualmente se encargan de subrayar bajo la tutela, por supuesto, de sus intereses, era la base obrera de una generación que vivió por primera vez a la altura de una clase media que quisieron inventar los de arriba para disfrute del currante que después de ocho horas se sentaba a estudiar con el chaval en la habitación que pagaba en cómodos plazos mensuales.
A pesar de unos diminutos sueldos, la esperanza de la prosperidad tumbaba cualquier barrera utópica en la ilusión de seguir creciendo.

Y crecimos.

Fuimos creciendo aprovechando de mejor o peor manera las oportunidades que se nos pusieron delante de aquel escritorio con flexo.
En aquella joven democracia parecía que la igualdad por fin se iba poco instalando en aquello conocido como estado del bienestar, concepto de las ciencias políticas y económicas con el que se designa a un modelo general de un Estado que provee ciertos servicios y garantías sociales a la totalidad de habitantes de un país.
Pero repito, eran otros tiempos y, nosotros quizás, éramos demasiado jóvenes.
Y la juventud, esta bien recordarlo, siempre seguirá siendo ingenua buscando constantemente la manera de cambiar un mundo que ya tiene el ritmo demasiado estancado en la ambigüedad del querer parecer lo que nunca ha sido.
La sociedad, en general, se mueve al ritmo que marcan los compases de aquellos seres anónimos que marcan la evolución de los acontecimientos basándose única y exclusivamente en el sistema que mejor puede  actualmente disimular todos los errores del ser humano, el capitalismo.
Y es que, como débiles que somos, el enganche obsceno hacia la evolución constante de las propiedades materiales, nos hizo de repente olvidar leer la letra pequeña de un procedimiento fiscal que no es que nunca manejaremos, no, el mismo se encargara de hacerlo por nosotros pecadores.

Volvimos a seguir ganando amistosos en todos los ámbitos de las competiciones internacionales sin tener, ni siquiera, confianza en aspirar a unas simples semifinales.
Tan solo el oro olímpico nos hizo resurgir la vena más patria en el declive deportivo de un socialismo demasiado apoltronado en el poder.
Los acontecimientos lógicamente, volverían a cambiar.
Las sombras de la corrupción asomaban a una opinión pública demasiado precoz para ciertos menesteres y que intentaba seguir con su rutina laboral.
El bigote entonces aprovechó su momento para imponerse en los desfiles de una moda nacional necesitada de alternancia, elevando el españolismo a valores solo conocidos posteriormente por meritos deportivos.
Y, como por arte de magia, el progreso, el auge, la expansión, y todo aquello relacionado con los cojones hispanos nos convirtieron de repente en una de las primeras potencias mundiales alternando desayunos con los jefes de un mundo desigual.
Desconocíamos de aquella el precio pactado por tal magnánima posición y nos centramos, seguimos siendo débiles, en hinchar las huchas de nuestra novedosa economía emergente.
El mundo nos miraba con admiración y nosotros, orgullosos como somos, pasábamos los días mirándonos en el espejo.
Pero, insisto, todo tiene un precio compañeros.
Quizás fue la decimoséptima ocasión, quizás la cuadragésimo novena vez que un dirigente perdía de nuevo el norte enfrascado en asuntos de Estado que le superaban con creces por acercarse demasiado a una delgada línea roja que iba del tedio a la pasión obscena del paleto ignorante que se acerca demasiado al embaucador culto que se aprovecha de la situación y lo lleva a territorios inhóspitos donde ya no existe la marcha atrás.
Y de repente, sin comerlo ni beberlo, nos vemos involucrados en un conflicto demasiado alejado de nuestras pequeñas perspectivas geográficas como para entender nada de lo que pasaba a nuestro alrededor.
Nunca una decisión personal puede llevar el sello de una nación que en su gran mayoría opinaba lo contrario, razón suficiente para perder el rédito electoral que se había conseguido urbanizando el suelo de este país.
Y llegó el profeta de las causas perdidas para apuntalar más el desasosiego de la población en los cargos públicos que representaban, representan, el devenir político de unos gobiernos más interesados en el partidismo absurdo cerrado a cal y canto que el mucha veces mencionado por los hipócritas congresistas, bien común.

Pasar del bigote a las cejas era una manera profética de saber que las cosas se estaban empezando a hacer por el tejado.

Refugiados como estábamos en las carteras llenas, dejamos, TODOS, avanzar lentamente a los estamentos a grados de degradación casi imposibles de corregir hoy en día.

Y de repente….
 ZAS!!!! En toda la boca.

Ya daba igual que lo ocultaran, daba igual que lo denominaran de cualquier manera apta para todos los públicos, daba lo mismo que unos y otros se echaran los trastos en la cabeza; la CRISIS venía dispuesta a acabar con el de siempre.

Y es entonces, en el lado oscuro, cuando la mierda se ve con mayor nitidez que nunca.
Pero, coño, ganamos la Eurocopa.
"Y España entera salio de borrachera"

Y los responsables máximos de la ruina de este país, porque no olvidemos que han fallado todos de manera estrepitosa, se escondían en la alegría de un colectivo necesitado de triunfos haciéndose la fotografía típica para pasar a la posteridad ocultando, ocultándonos que los problemas reales poco tenían que ver con lo recogido en los titulares insulsos de unos medios de comunicación corrompidos por el poder.

Mientras nos preparábamos para la Copa del Mundo esperanzados con repetir el triunfo anterior, los diecisiete reinos de Taifas especulaban en el mercado de valores de la independencia estatal para, en algunos casos, promover a barones de partidos adictos al egocentrismo típico y tópico de la tozudez autonómica.

Tan solo un joven de Fuentealbilla rompió en parte la división creada por la ley del yo tengo más que tú.
Y por supuesto," España entera….

Y lógicamente el gobierno volvió a cambiar de modo pero no de forma contándonos cuentos sin final feliz para atemorizar, más si cabe, a todos aquellos pequeños ahorradores que empezaban a ver las barbas de su vecino pelar.
Pero ya empezaba a ser tarde para todos aquellos cargos públicos que hasta entonces jamás se había preocupado de la imagen pública que pudieran dar.
Uno de los mayores errores que los gobernantes han cometido ha sido menospreciar al populacho, un colectivo demasiado inquieto y lo suficientemente preparado como para no confundir las churras con las merinas y exigir a sus representantes cumplir con la obligación de presentar soluciones a los problemas que se demandan.
Por fortuna, los colectivos independientes han empezado a resaltar en la escena política y pública española desestabilizando el anacronismo camarilla de unos mandatarios poco acostumbrados al no partidismo de las protestas.

Hemos vuelto a ganar la Eurocopa y, sí, somos el primer y único país en lograr semejante hazaña.
Os digo de verdad que es impresionante la generación de futbolistas que campan por el ancho de nuestro reino.

Hablando del Reino, y sinceramente lo digo sin acritud, quizás no era este el mejor momento para sacar los trapos sucios de una familia Real que se descompone entre cuñados, elefantes y tiros.
Supongo que es parte del proceso de descomposición de una democracia joven y confiada por la incompetencia de unos legisladores ciegos y sordos que no se acercan a la ciénaga de la jodida cruel realidad.
Y, opinión personal, es ahí donde radica el problema quedándonos por tanto dos opciones:
- Volvamos a empezar de cero reinventando las instituciones de forma y manera que los poderes legislativos se adapten a la realidad actual (una vez se hizo).
- O que sea lo que Dios quiera porque estamos hasta los huevos de que siempre paguen justos por pecadores.

jueves, 7 de junio de 2012

"PRECIADO"


Se ruega silencio.

Imagino, en uno de esos viajes astrales que suelo realizar, que hoy en la rivera del río Piles esta “orbayando” suavemente en un día gris de esos que te recuerdan la más pura esencia de una región y de una ciudad desvastada por los acontecimientos.
Imagino “El Molinón” en silencio bañado por la suave lluvia que acompaña el transcurso de una jornada más de ese campeonato rutinario y cíclico que nos expone la más cruel de las realidades en aquello conocido como existencia.
Hoy, sigo imaginando, la ciudad esta envuelta en una extraña capa de silencio que interrumpe los preparativos de una nueva época estival.

El destino, esa fuerza desconocida de la que se cree que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos, ha decidido poner un punto final controvertido a uno de esos tipos que aspiraba exactamente a todo lo contrario.
Y es que, entre las múltiples lecciones que como persona nos pudiste dar, tu máxima fue siempre la de seguir adelante.

Hoy es un día triste para miles de corazones que no solo se sintieron cómplices con tu proyecto sino que se sienten quizás un poco más huérfanos con tu aptitud, no en vano fuiste capaz de dar personalidad a un sentimiento que andaba escaso de efectivos desde el infierno de las malas gestiones de un club que vivía en el desasosiego cruel de la ausencia de una identidad que conseguiste recuperar a costa de la virtud del sacrificio.

Entraste en la dinámica de superar con creces todas las barreras que se te cruzaron en el largo camino de una existencia llena de dificultades para apropiarte, jodido ladrón, de la personalidad que envuelve todo aquello que rodea a un escudo y que sobrepasa los limites geográficos de la localidad que despidió, quien me lo iba a decir, tu itinerario profesional a tan solo un día de firmar, de nuevo en el Mediterráneo,  un nuevo capitulo de tu queridísima ocupación.

Pero Manolo, y esto es lo que más le honra, ha sido, es y será mucho más que un técnico de futbol por muchos motivos.
El carácter de una persona esta generalmente basado en la personalidad de unos valores inculcados a lo largo de una existencia por el contexto que el individuo pueda tener a su alrededor.

Pero, ¿y el carisma?

En este caso la virtud depende única y exclusivamente de la magia de una mezcla explosiva que involucra demasiados factores creando una identidad atractiva para un colectivo necesitado de líderes.
Es, esa, una virtud con la que se tiene que nacer y posteriormente cultivar durante las distintas estaciones que nos llevan a la plenitud de la experiencia en la que, considero, que ya te encontrabas.
Hoy en Torrelavega, en Santander, en Murcia y en Valencia también te lloran y eso, queridos camaradas, no es un detalle banal en la carrera de fondo de un personaje que supero personalmente cualquier hazaña deportiva.

Cada vez quedan menos Preciados en un futbol donde lo absurdo se tiñe de elitismo y la inaccesibilidad es el parangón del mediático y millonario ritmo de una competición cada vez más lejana de los valores terrenales de los aficionados que hoy, pierden un referente personal.

Solo los elegidos logran lo imposible y tú desde este siete de Junio has pasado a la inmortalidad dejándonos a todos un poco más desamparados en los envites de una vida a veces injusta y tremendamente dura que debemos, tenemos que continuar.

Manuel Preciado:
“Tengo la mente muy abierta y clara. Detrás de los que se han ido, a los que lloro muchos días, hay otros que están, como mi hijo, mi hermana, mi madre… sería un cabrón entre comillas, si no diera todo lo que doy. A veces me lo como, pero yo sufro como cualquier ser humano, aunque no vale de nada. Me lamento. Me digo ¿por qué? Pero hay muchos detrás a mi lado, y sólo por ellos tengo que tirar para adelante como un campeón”.

Me temo que hoy en Gijón no va a salir el sol.

Gracias de corazón por hacerme feliz CAMPEÓN 

miércoles, 16 de mayo de 2012

"DE LO QUE HUBO...., DE LO QUE HABRÁ"


Hay aniversarios más o menos obscenos dentro de aquello que se entiende por celebración.
Hay celebraciones obsoletas que no se acaban de entender por muy obscena que sea la conmemoración de turno.
Hay victorias y hay derrotas entre vencedores y vencidos, hay vencidos victoriosos y hay triunfadores derrotados por los acontecimientos acontecidos durante ese margen concupiscente al que nos referimos todos como temporada regular.
Hay tabaco en la mesita y sol en la calle.
Hay, existen y existirán las mismas historias que se repiten de manera vulgar cada etapa de unas miserables vidas al borde del infarto.
Hubo llantos y habrá alegrías expresadas en las fuentes públicas que, una vez más, adquirirán un protagonismo deseado en los miles y miles de forofos que pueblan las calles de una ciudad que empieza a convivir con el calor. 
Hay elementos alternativos que pueden alterar cualquier clase de triunfo con las dudas básicas del perdedor.
Hay descensos al infierno y pasajes express para un cielo que inunda el horizonte de dudas.
Existen también individuos uniformados que velan por la seguridad de aquel que vive desbordado en la alegría de un nuevo título conseguido con garra y sudor por personas ajenas a su círculo más cercano pero que, de alguna manera, son como parte de una familia imaginaria en la que depositan sus más vulnerables promesas de cambio de ciclo.
Y, por supuesto existen los cambios de ciclo en lugares llamativos bajo la atenta mirada de los delegados de un gobierno que espera paciente el encendido de la mecha de lo que puede ser una bomba.
Hay bombas informativas en diarios que viven a costa del titular barato dibujado en fotomontajes de aquello que mañana dejara de tener interés general.
Hay demasiado opio para un pueblo perdido en los números de aquellas jurisprudencias marcadas desde un Berlín occidental que se erige como el salvador de las causas perdidas.

Hubo una vez una Grecia Clásica que domino el mundo existente.

Habrá, y es que el tiempo es muy sabio, verdades más o menos objetivas en la visión diferente de aquellos que ven las perspectivas desde un prisma difuso y cobarde al no entender (o no querer entender) las virtudes de un rival al que convertirán en enemigo.
Habrá paz para los malvados en las trastiendas de los bares donde, años atrás, se originaron las revoluciones de aquellos jóvenes, y ya abuelos, que nos enseñaron lo que era la indignación.
Hay inyecciones que curan en salud y hay supositorios que duelen al introducirse en organismos heridos en la más común de las causas más estables dentro de la gravedad.
Hay alcohol en latas de cerveza orientales que abundan por los retretes de la zona de ocio de una capital que celebra en silencio el triunfo de la clase urbanita y acomodada después de dejar el pueblo.
Habrá jóvenes con responsabilidades que se crecen ante las adversidades de la apariencia.
Hubo confidencias a medianoche en los despachos de los gestores que se escondían debajo de un traje de marca mientras consumían sustancias nocivas para la felicidad.

Habrá futuros montajes escénicos que dilapidaran la creatividad de un sistema cada vez más autoritario con las cosas del comer.
Hay sexo salvaje en las esquinas lascivas de los clubs de alterne alternados por aburridos comerciales del pecado que pagan desde la lejanía la hipoteca de aquella hermosa dama que se transformó, quien lo iba a decir, en un rival demasiado hostil para el amor.

Hubo tiempos mejores.

Habrá que protestar antes que el “Derecho” nos impida el derecho democrático de buscar la paz en un país enfundado en la guerra simbólica del quiero y no puedo.

Habrá más Naranjitos.

Hubo demasiado fútbol para un corazón acostumbrado al botellín frío de las tardes amarillas de los fines de semana de carrusel.
Habrá vacaciones Santillana y piscinas con socorristas argentinos exultantes ante las maravillas de una vieja Europa sin corralitos.
Hubo un Bachillerato de interés general en el que nadie me explico aquella máxima marxista de los chaqueteros con cuenta corriente en “Bankia”, gentes escondidas en grandes coches que no se suelen rebelar ante un sistema que los acoge en le seno de la hospitalidad manifiesta y, aquí sí, obscena, del egoísmo conservador de los clasistas.
Hay, gracias a Dios, gentes jóvenes y románticas que volverán a creer en aquella utopia de aquello de cambiar un planeta al que no sabemos cuando podrán bajar de nuevo a planta, corazones enérgicos que a su manera seguirán manteniendo su particular revolución hasta que la estructura establecida se encargué de desmontar falsos mitos que benefician a demasiados elementos discordantes detrás de un imaginario cordón policial.
Y habrá cargas necesarias contra manifestantes antisistema que nunca tuvieron oportunidad de agasajar a una Diosa con una bufanda.

Hay polis buenos y polis malos.

Hubo una vez una princesa en aquel Madrid de los ochenta que se enganchó a la heroína creyendo en la libertad.

Hubo libertad.

Hay, en breves jornadas, Eurocopa.

Pero por favor, no nos olvidemos, hay gente protestando en Sol un poco por todos nosotros pecadores.

viernes, 20 de abril de 2012

"RESACA"


Salió a la calle sin tener demasiado claro donde había estacionado el vehiculo la noche anterior y ya en el recodo del portal descubrió que las prisas de nuevo le habían jugado una mala pasada al descubrir, en el término más horrendo de la expresión, que se había dejado las llaves dentro de aquel apartamento situado en la zona noble de la ciudad.
Era consciente de que aquella fresca mañana de Abril le iba a ser prácticamente imposible mantener intacta aquella máxima de la puntualidad, principio básico de una forma de ser exigente y profesional en todo aquello relacionado con un curriculum vitae en continuo movimiento.
La lluviosa noche anterior dejaba en el ambiente un aroma a frescor de lavanda en la costanilla que rodeaba su bloque de viviendas ocupadas por vecinos con los que las relaciones sociales brillaban por su ausencia.
El despertador, aquella mañana, había sonado demasiadas veces como para intentar, de verdad, despertarse de alguna manera en aquella cama ocupada por dos cuerpos entrelazados bajo un edredón blanco del que nunca quiso salir.
Es cierto que llevaba demasiado tiempo alternando cada jornada con esa sombra que poblaba los pasillos en el silencio de una soledad furtiva y no deseada, es cierto, también hay que decirlo, que aquellas baldosas blancas estaba demasiado frías como para corretear desnuda por un apartamento decorado con los restos de un fin de semana de comida a domicilio y tabla de planchar empotrada a la pared trasera de una minúscula cocina americana.
Nunca pensó, ni siquiera en sus más intimas fantasías, que renunciaría a casi todo a cambio, lamentable trueque, de un ratito de compañía cada atardecer con la caída del sol después de volver de trabajar.

Más de una vez le intente explicar que nada es gratis en esta vida mísera y reprochable, nunca me escuchó.

Llegó al trabajo dispersa y acelerada al saberse responsable de la perdida de tiempo de un global que nunca tuvo un momento para ella, se adapto, como durante todo un pasado obtuso en el que se escondía debajo de su ordenador, a desarrollar su función desde la más estricta competencia en total rivalidad con ella misma y asintió, aunque no siempre de buena gana, a las palabras de cualquier superior que se dignara a encargarla cualquier clase de responsabilidad envuelta en humo.
En la jornada laboral de aquellas siete horas disfrazadas de ocho, las competencias se volvieron frustraciones en la búsqueda de la salida a una libertad individual que nunca acepto porque, a pesar de subsistir en su particular clausura no se supo enfrentar a la perdida de la independencia en pareja.

Ella era consciente de que al volver, él ya no estaría.

Y cualquier plan pasado empezó a formar parte concretamente de eso, del pasado.

Caminando descalza por aquel suelo descubrió entre la ropa sin planchar el número de teléfono que evito el suicidio colectivo de un espíritu demasiado rebelde como para demostrarlo.

Y se despertó.

Se despertó bajo aquel chaparrón sin entender, a pesar de los pesares, su ausencia en aquel fin de semana de aniversario en el que había decidido viajar a Barcelona dejándola desamparada en el largo camino de la incomunicación con la excusa de ver el fútbol.


Bajo el edredón dormía otro.


NOTA: Relato dedicado a aquellas nobles personas que mañana verán el Clásico y que confunden a     Naranjito con una Mandarina. 

jueves, 12 de abril de 2012

"ES POR TI ng"


Tus palabras decían de memoria lo que dicen todas y tú eras consciente de aquello que hablamos de saber entender a un prójimo cercano y cómplice.
O eso creía yo al volver a tratar asuntos demasiado alejados en el tiempo de un contexto diferente en las formas y en los gestos de una relación que se iba lentamente a estancar en un muelle obsceno y hostil para espíritus, como el mío, demasiado acostumbrados al no pasaran.
Y en ese punto en concreto de una historia más o menos común y cercana, las excusas sobraban a la hora de alternar en aquel bar de los excesos bíblicos que anteponían la fe a las maneras de sabernos querer.
Pero no es fácil cariño.
Yo, por más que intentaba entender algo de aquello que me decías en idiomas muertos, escuchaba sin saber la finalidad del mensaje transcrito, intentando, y todo hay que decirlo, intentando ser juez y parte de aquello que un día sonó a música celestial sin aprender, maldita tara, una sola partitura de aquel concierto en do menor.
Pero los años provocaron que la exigencia cambiara de sitio y que lo que antes era gris se volviera, de repente, marrón.

Compartimos las mismas toallas, distintos sudores.
Eran hoteles rurales que un buen día quisimos compartir para reservar, a nivel rural, toda aquella energía que no supimos esconder en los hostales que la caridad de la luna nos presento en aquellos tiempos del todo o nada.
Y en las ofertas del todo a cien descubrimos nuestro potencial como supervivientes de la categoría más alta de aquel premio de baile regional.
Y sonó el himno nacional.
Pero tú, como siempre, seguías ausente a cualquier pequeña expresión que intentaba poderte transmitir siendo poco consciente, y eso es trágicamente cierto, que quizás era yo siempre el que no escuchaba.
Pero, y lo digo de verdad, ahora ya nos da igual.
Tu tienes una vida que has intentado dibujar y yo tengo una existencia tan efímera como la tuya.
Dejemos entonces todas las posibles disputas y centrémonos mutuamente en disfrutar de los acontecimientos venideros.

Siempre habrá un antes de muchísimas cosas que revoltean a mi alrededor, siempre habrá un después en una esquina de un bar con llantos.

La aptitud la marcan las buenas costumbres.

Ayer deje de creer en ti.
Hoy me sigues demostrando que te sigo queriendo.

En esta puta locura de la búsqueda de la felicidad seguirás estando presente y esto,  de alguna manera, es lo más bonito que te puedo decir.

Tu fe nunca decaiga.

No debes desmayar.

(Para ellas)

viernes, 30 de marzo de 2012

"REFLEXIÓN SPORTINGUISTA"


Tres y treinta y nueve de la mañana de uno de esos días que te devuelven a la rutina laboral de aquel que ejerce su derecho constitucional de formar parte de la llamada revolución social con la que algunos, llamémosles sindicatos, hacen o quieren hacer lo mejor por la clase preferente.
Y no nos olvidemos, la clase preferente es la que consigue crear clases preferentes.
Hablemos de clases preferentes.
En la escena central de la película “Volver a empezar”, película dirigida por José Luis Garcí y ganadora del primer “Oscar” de la historia para el cine español, el protagonista desvela su futuro al que fue su mejor amigo en la juventud en una escena mítica en la que los dos acaban hablando de fútbol. Concretamente del Sporting.
Y aquel equipo era el ejemplo de lo que fueron, son y serán los colores de una ciudad, si me apuráis de toda una región, que mañana estará pendiente de cualquier clase de información relacionada con la primera gran final de tantas y tantas tardes de sufrimiento compungido en las orillas de una Escalerona trastornada por los acontecimientos.
En estos tiempos de frustración añadida a las corresponsalías internacionales que solo saben hablar de valores no demasiado institucionales, los buenos profetas nos resguardamos en los bares esperando el milagro aquel que nunca tuvo nada que ver con el fútbol.
Pero de todos es sabido que en las creencias populares la pasión sobrevuela el silencio de las posibles hazañas bélicas que uno quisiera contar a sus progenitores y que, como decirlo, a la larga distorsionan bastante de una realidad superlativa.

Al final nos quedan los hechos y las virtudes.

Y recuerdo el Granada 74 en aquella gesta trabajada con la ilusión de ascender, recuerdo el Córdoba y el Eibar, el Málaga y el Recreativo.
Pero sobre todo recuerdo, estuve allí, aquella promoción con el Lérida en aquel año de gracia en el que todavía no existían los problemas.
Si alguien entiende por poco que sea lo que significa el amor a este club, entenderá la locura subjetiva de una afición cegada y optimista de la institución que mejor refleja los valores de una asturianía que mejor que nadie expresa la realidad social de un mundo demasiado alejado de cualquier paraíso.


Y eso como mínimo, coño, merece quedarse en Primera.