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lunes, 24 de octubre de 2011

"CINCUENTA Y OCHO"

Por las sensaciones de aquel que mira la vida desde una ventana cerrada a cal y canto a un patio interior, parece ser señores que por fin empieza el otoño.
Y digo, empieza el otoño con ese Levante otoñal que limpia las calles.
Los días grises, dentro de lo que la aptitud personal de cada cual entienda, evitan cualquier sinónimo parecido a aquello técnicamente reflejado como depresión proyectando, de vez en cuando, notas de color azul sobre el horizonte.
Y el azul es un color que no me deja indiferente.
Cuando hay comunicados de bandas terroristas intento pasar página.
Cuando hay desgracias en las que la mala suerte tiene mayor importancia que proyección dejo de ver la moto GP.
Cuando hay damiselas pelirrojas en los bares intento consumir una nueva cerveza que sirva, como siempre, para nada.
Cuando hay amor…
…ejem, bueno, eso ya es otra historia.
Hay motivos, decía un cantautor de Jaén, que hacen que las pequeñas mentiras valgan la pena.
En estas épocas preelectorales en las que las gentes olvidan el problema para buscar la solución, generalmente, sin conseguir el objetivo marcado en la pizarra de la ignorancia política en la que los hechos suenan más fuertes que las virtudes del que los dicta, uno se niega a seguir asintiendo.
Al final, y perdonen la expresión, la mierda sigue teniendo el tufo indicado en las explicaciones de un diccionario escolar abandonado en el armario que seguimos manteniendo como recuerdo de pubertad.
Bendita pubertad, decía aquel sabio con barba que esperaba ansiosa la conquista de un euro con su trombón en pleno parque del Oeste preguntándose de nuevo si cualquier tiempo pasado fue mejor.
Hoy, en los pequeños bares de menú del día que suelo regentar me he dado cuenta de que la simpleza no entra en los planes de aquel considerado… ¿simple?
Y eso me da fuerzas para seguir creyendo.

Hablando de creer, la noticia no dramática de un fin de semana justo de pelas, es la victoria de un Sporting de Gijón desaparecido.
Lo demás es tanteo puro y duro de una temporada mucho más igualada de los que algunos se piensan y que, probablemente, disponga de más titulares que cualquiera anterior.
Veremos.

A pesar, y creo que hablo con propiedad, de que todos odiábamos un poco a Simoncelli por ese pilotaje que va desde el límite a la hermosura, seguimos siendo fieles a nuestras pequeñas tradiciones de seguir valorando lo importante para, darnos cuenta, de aquello que supera de cerca nuestros temores.
Y sus veinticuatro años demuestran que hay todavía cosas que están por encima del bien y del mal.
Tomemos nota.

Y de lo demás pues poco que contar.
Que llueve en Madrid.
(Bendito sea Dios)

martes, 18 de octubre de 2011

"UN AMIGO ESPECIAL"

Buenas tardes o debería decir…, como se dice, buenas noches y buena suerte. Da igual, hace tiempo que he dejado de sentirme oprimido en la infraestructura específica de las costumbres occidentales en cuestiones de dinero.
Sí, queridos míos, cuanto más me alejo de Zapatero más de lejos veo a cualquier aspirante a Rajoy.
La única posible debilidad a nivel abstracto de ideologías terminales la tengo, a buen recaudo, depositada en Sol.
Al final, que irónicamente es el principio de aquello que tengo que decir, es pedir básicamente a todos los seguidores de aquello llamado Naranjito una disculpa máxima por todo este trecho en el que en vuestras vidas, (opinión personal), os hemos faltado a la cita.
Nos sentimos responsables.
En otras palabras: disculpad.
Pero aquel que con fuego juega, supongo que lo adivinareis, se acaba quemando.
Mucho hablar, mucho prometer, mucho juzgar sin juzgar a nadie importante que, joder, acabas comiéndote los mocos.
En otros términos: Estancamiento.
Y hemos continuao devorando futbol como posesos.
Y ya confundimos bebe uve a con el termino adelante siguiendo la estela de un tan Maldini que siempre, un día después, narra los partidos que juego en mi consola antigua y oxidada.
Y fueron demasiados clásicos para la salud de la humanidad.
Naranjito pernoctó en lugares oscuros y nocturnos dejando descansar el corazón.
Un corazón envuelto en el sentimiento de culpa del saberse respetado por los siete pecados capitales.
Ocho jornadas de liga y más bien poco que contar.
Retomamos la andadura de un ser observador y reticente a la crítica del juego desplegado.
Un ser, este que vuelve, que descubrió el fútbol en Sudáfrica.
Y, ya sabéis, es un amigo especial.

sábado, 23 de abril de 2011

"TRIBULACIONES PASIONALES"

Los devotos de las distintas cofradías observaban con lágrimas en los ojos la imposibilidad de sacar sus respectivas imágenes del templo sagrado al encontrarse ¿frente a frente con un cielo caprichoso y llorón?.
El cielo descargaba su ira en forma de lluvia tóxica arruinando los preparativos de una pasión solo entendible entre un colectivo creyente y necesitado de milagros místicos que de nuevo, tendría que esperar un año para resarcirse de los posibles pecados cometidos en aquellos otros tiempos nihilistas en los que la santidad se disfrazaba de concupiscencia escondida tras la misa de doce.
El escéptico contemplaba en silencio la representación desde una pantalla de televisor de veintiún pulgadas sin atreverse a juzgar la posible hipocresía ambigua de cualquier clase de fe dictada a golpe de sangre y fuego desmarcándose, desde su pequeño salón dormitorio, de las temidas obligaciones morales del hereje condenado a vagar por el Averno.
En quizás la coyuntura más espiritual de otro año más, el sufrimiento se diluía peligrosamente en un sentir inconsciente e inconstante de la venerables almas perdidas en el desbarajuste mortal de una sociedad que cada vez dogmatiza menos los supuestos prodigios escritos en un pasado romántico aferrándose, por desgracia, a un libre pensamiento único de subsistencia enfocado en el mañana.
Y ahí, queridos camaradas, no hay milagros que valgan.

El pasado estaba pasando en el presente de estos tiempos de intensa actividad litúrgica llamados Semana Santa.

Pasión:
Esa emoción intensa repleta de entusiasmo y deseo que recorre un cuerpo que se va volviendo pasivo ante los sentimientos encontrados en una cabeza que no responde, nos hace de repente sentirnos vulnerables.
Y lo dice alguien que recuerda que hace muchos años estuvo enamorado de una mujer que por desgracia lo adivino.

Muerte:
El punto culminante de cualquier camino emprendido con un objetivo y que en un momento determinado llega a un final que no nos garantiza plenamente el éxito de la labor encomendada pero, dato importante, nos marca un cambio de ciclo en el que se pierden demasiadas cosas que, con el tiempo, se irán quedando atrás.

Resurrección:
Es cuando al punto final de los finales sí le siguen dos puntos suspensivos.

¿Todo esto es posible que pasara el otro día en Mestalla en la final de la Copa del rey?
No estoy seguro.


Jornada treinta y dos.

Hubo un Clásico que se saldó con empate y se jugaron nueve partidos más.

Mención especial:
He conocido cantidad de gente que me ha sorprendido (para bien y para mal); me he sorprendido con gente (para bien y para mal) que no he llegado a conocer y alguna vez he tenido que mirar hacia otro lado.
He visto gente con estrella y gente que se estrellaba precipitadamente contra la nada.
He disfrutado con los pequeños triunfadores urbanos y he negociado e escondidas con viejos perdedores a los que no les faltaba voluntad para volver a creer.
Gentes que, por expreso deseo del destino, aparecen en la viñeta de tu vida aportando seguramente nuevos datos que administrar en el subconsciente.
Estoy seguro de que de todos he aprendido algo.
Si hablamos de admiración la cosa ya cambia y se reserva a un pequeño grupo de seleccionados que han superado la más dura criba que yo me pudiera plantear.
No puedo decir que entienda de héroes, porque ¿que es un héroe?, pero entiendo de caerse y levantarse cuando la vida te maltrata en lo personal.
Y son esos, los que una, dos, tres, o cien veces se vuelven a levantar frente a las adversidades de un destino infinitamente jodido demostrando carácter, cojones y personalidad.
Esos son mis héroes.
Una vez más te han vuelto a tantear desde algún rincón del infinito y de nuevo solito has superado la prueba.
Gracias por todo pero especialmente por ser como eres Manolo Preciado.

Desde este pequeño encuentro de aptitudes que hoy por hoy intentaron hablar de una semana gris y rutinaria con sobremesa de clásicos de “peplum”, envido a la grande siendo consciente de poseer tres reyes magos.

Lo demás lo dejamos al olvido.

viernes, 15 de abril de 2011

"PROXIMA ESTACIÓN: SANTIAGO BERNABEU"

Hay dos clases de personas que viajan en metro a esa hora en la que el sol está a punto de fichar, las formales que buscan un jornal con el que alimentar a sus poyuelos y las lascivas, seres extraños de una noche más que buscan sin encontrar nada viable en el oscuro mundo de un deseo exilado a galernas.
Las formales, gentes de bien que madrugan habitualmente para cumplir con unas obligaciones algo alejadas del concepto básico de la satisfacción, viajan sentados en un vagón silencioso entretenidos en la lectura del periódico gratuito de turno o del último libro recomendado por cualquier compañero con dotes críticas para el ocio con evidentes signos de somnolencia intentando, por decirlo de alguna manera, disfrazar de palabras el cruel destino rutinario que dicta el temido despertador.

Las fiesteras, crapulillas aficionados a un desbarajuste horario en un ciclo vital alejado de un itinerario en el que visualizar el fin de trayecto, peregrinan las estaciones observando, como aves de rapiña, la posibilidad de cualquier último encuentro visual dentro de la inquietud cercana de la más que posible posibilidad (valga la redundancia) de repetir un retiro a unos aposentos que esperan como siempre oscuros y en soledad.
Sombras nocturnas que se escudan en la embriaguez con la más descarada intención de seguir soñando.

Al final lo de siempre, distintas maneras de trasladarse a confines dispares en desiguales condiciones manteniendo una dirección contraria en la que siempre existe el riesgo de una colisión frontal.

A eso del mediodía, la visión iluminada del interior del coche desde el andén, cambia por completo los parámetros anteriormente citados para encontrarnos más similitud entre sus ocupantes.
En esas horas en las que lo necesario es la pausa, el botellín y el aperitivo, la masa social requiere el lenguaje como medio de expresión, maniobra subjetiva de una mente que procesa necesariamente una válvula de escape de las obligaciones cotidianas para favorecer la energía encorvada del esfuerzo mañanero.
Es entonces cuando se dibujan por todos los rincones de un vagón, insisto, demasiado iluminado, pequeñas conversaciones entre compañeros de profesión, academia o facultad a los que el entretenimiento importa más que la relevancia del mensaje transmitido.
Es también momento de tertulia banal en los bares de barrio que inundan la ciudad y que hacen que las gentes de bien se guarezcan de la estrepitosa tormenta que les rodea y al que, como hormiguitas, los anónimos manifestantes de las causas perdidas salen de la boca de la parada más cercana al menú del día para establecer las pautas concretas de la jornada que les queda por vivir.

La tarde, probablemente influenciada por la menor frecuencia de trenes, se vuelve lenta y pesada esperando prudentemente la mágica hora de la liberación de responsabilidades para acometer el ineludible episodio de la emancipación donde de nuevo, y también en sentido contrario, coincidirán esas dos filosofías de conductas divergentes.

Y las dos se lamentaran de la desdicha del de enfrente asumiendo de nuevo el enorme riesgo de esa posible colisión frontal.

Pues, queridos míos, ha llegado la hora.

Y no es una, no.
Serán cuatro encontronazos a vida o muerte para demostrar la hegemonía de las posibles virtudes ante los posibles defectos que marcaran el éxito o fracaso deportivo de una campaña que se acerca a un final de infarto.

Mañana empieza un festival del que, os puedo asegurar, alguien saldrá malherido.

¡Que empiece el espectáculo!

Jornada treinta y uno.

Manita de un Valencia agarrado a pies y manos a una tercera plaza que no quiere abandonar a un Villareal demasiado preocupado en Europa.
El Madrid, quizás guiado por esa fe que le caracteriza como defensor de las causas perdidas en una liga en la que ya le daban por muerto, asalta la Catedral dando un golpe de autoridad antes del derbi.
El Barcelona por su parte hace los deberes contra el colista no haciendo quizás su mejor partido o, también quizás, reservándose para los envites de un mes cargado de exigencia.
Vete tú a saber.
El Atlético gana con solvencia para ponerse en el retrovisor de un Sevilla que empata a costa de un Mallorca aburrido y deshinchado.
Hércules, Espanyol, Levante, Málaga, Racing y Deportivo firman unas tablas que, quizás con la excepción de los de Valencia, sirven para poco a pesar de la importancia de seguir puntuando.
Triunfo agónico de un Zaragoza que, como decirlo, echa balones fuera para meter en la disputa a un Getafe que se acerca demasiado a un precipicio que no conoce también como un Sporting que intenta por todos los medios cambiar la ruta ganando en casa.

Mención especial:
Llene sus neveras de cerveza, reserven mesa en el bar de al lado, manden a su queridísima esposa de vacaciones, eviten el humo de los clubs, reduzcan la velocidad, manden a los crios de campamento, pidan ese día que les debe la empresa de descanso que esto empieza señores.


ATENCIÓN: ESTACIÓN EN CURVA. Al salir tengan cuidado de no introducir los pies entre coche y andén.

viernes, 8 de abril de 2011

"PRIMAVERA CANALLA"

En una de esas semanas primaverales en las que uno deja la vida pasar alegrándose del sutil pero progresivo desnudo virtual de unas féminas que buscan la comodidad con el calor de ciertas tardes de terraza, cerveza y cigarrito, un servidor se aísla del mundo en su destartalado cuarto para disfrutar de nuevo de la escritura de este blog que, al igual que los futbolistas, se puso una jornada de huelga.
En mi caso cumplí con ese objetivo probablemente influenciado por la parte más sindicalista de las pocas neuronas que me quedan por quemar.

Y como podrán entender entiendo que en este tiempo sin hablarnos las cosas cambien de contexto devoradas por la cantidad de información exterior e interior que circula en los medios de comunicación en lo que lo único importante es ser noticia.

Lo que ayer era verdad hoy es mentira

Pero es primavera en el Corte Ingles y por tanto nos olvidaremos del índice de paro en un país en el que se anuncia la renuncia de un líder devorado por los acontecimientos del peso de un poder que desgasta, ignoraremos la cantidad de agua radiactiva vertida en las costas de un Pacífico tan asustado como los habitantes de Ciudad del Cabo o, incluso, nos quejaremos de la subida del tipo de interés anunciado por el banco central europeo para frenar la inflación de una crisis que obliga a ciertos estados miembros a pedir rescates que no pueden pagar.

Algo huele a podrido en algún lado decía un dramaturgo ingles.

Pero a pesar de todos los males que nos hacen sentirnos estables dentro de la gravedad, de vez en cuando los pequeños milagros nos hacen volver a creer en algo más o menos tangible.

Ignoro si el sistema planetario influye en las mareas, si las energías condicionan el futuro individual o colectivo de la sociedad en la que nos desenvolvemos y si el contexto temporal y geográfico altera la resolución final de los acontecimientos.
No lo sé.

Pero de vez en cuando, y solo de vez en cuando, David vence a Goliat.

Y es que si por algo se distingue el ser humano es por esa rara paranoia mental que nos hace, al creérnoslo, ser más fuertes y que tiene mucho más que ver con el dogma de la esperanza que con cualquier clase absurda de pronóstico predestinado dentro de una realidad entre comillas, lógica.

Pero todo lo que a priori esta dotado de razón intelectual, dialéctica y argumentativa sigue estando expuesta a los hechos finales para certificar el fin que no el final.

Y el sábado, a eso de las ocho de la tarde saltó la sorpresa en el Bernabeu.

Dicen los mayores, esos hombres sabios que saben más por viejos que por diablos, que el tiempo pone a cada uno en su lugar.
Y no se pudo encontrar mejor emplazamiento para finiquitar las posibles dudas hacia un colectivo del que alguien, en un momento determinado, sugirió su dejadez en partidos complicados dudando de la profesionalidad de unos jugadores que ni ahora son el Leverkusen ni antes eran la última mierda que cago Pilatos.

Polémica por tanto zanjada con cura de humildad de por medio.

Jornada treinta.

El Getafe y la Real se complican la existencia al entrar en ese grupo peligroso que nos mantendrá en vilo hasta final de temporada.
Cambió de actitud en un Hércules que sigue creyendo en el milagro de la permanencia como lo hace un Depor que sigue remando para ello.
El Athletic se aposenta en Europa sin hacer ruido obligando que Sevilla y Atlético cumplan con sus respectivos compromisos bajo la mirada atenta de un Espanyol que pierde fuelle.
Golpe de mano de un sorprendente Levante ante un rival directo del que a día de hoy se ignora de quien es la culpa y que observa en silencio y asustado las victorias a domicilio de sus enemigos íntimos.
Un Barcelona resolutivo saca petróleo en Villareal certificando prácticamente el Campeonato a ritmo de Shakira y pendiente de las evoluciones de un siete estancado con el gol.
Preciado asalta el Bernabeu por segunda vez en su carrera y el Sporting (ojo al dato) por cuarta vez en su historia despojando al equipo de Chamartín del título liguero salvo hecatombe histórica en la ciudad Condal.

Mención especial para el Almería mostrando desde estas líneas un apoyo total en esta complicadísima misión casi imposible que no insalvable.
Muchísima suerte compañeros.

Y de momento nada más.

O quizás si.

Como todo parece indicar que tendremos clásico en semifinales de la Champions, os aviso en primicia de un post especial dedicado a tal acontecimiento.

Podéis ir en paz.

viernes, 18 de marzo de 2011

"SOL NACIENTE"

Es como mínimo indignante saber que con todo eso o aquello que nos “creemos”, seamos absolutamente diminutos ante las fuerzas de la Naturaleza.

Y, (al ser humano me refiero), siendo tercos como somos intentemos encima demostrar, con todo nuestro poder, una superioridad ficticia en las formas y en los modos para creer quitarle metros a una biosfera que pacientemente espera su momento lamentando como nuestras egoístas necesidades se transforman en diques secos en muelles de nave industrial.
No en vano somos el único ser vivo del planeta que poco a poco va jodiendo el ecosistema que le dio la vida.

Pero de pronto es ella, la Naturaleza, la que avisa en forma de tragedia mundial y es entonces cuando nos damos cuenta de la fragilidad insumisa de una sociedad que no entiende el concepto de la palabra advertencia a pesar de los titulares desfasados de colectivos ecologistas que insinúan el mayor de los males exagerando, como toque de atención, la desgracia que está por venir.

Hoy Japón llora en un especial silencio solo apto para espíritus orientales que filtran el dolor en reflexiones metodistas de culturas acostumbradas mentalmente a la oscuridad de la meditación de la percepción de ese yo no material.

Y el mundo tiembla a su alrededor observando desde la lejanía los males ajenos.

En una sociedad globalizada como la nuestra, todo lo que pase a miles de kilómetros es peligroso para cualquier pequeño reducto atemporal escondido en medio de la nada.

Situaciones que, por supuesto, nos vuelca en mostrar nuestro apoyo a todos aquellos a los que las adversidades les han hecho perder todo aquello que querían en forma de mensajes, logotipos y frases cargadas de esperanza deseando, en el fondo de nuestros corazones, el menor de los males a esas gentes que lo están pasando mal.
Pero a su vez y sin querer ser hipócritas, nos indignamos con la falta de previsiones sísmicas de los estamentos encargados de tales funciones y nos congratulamos que todos estos males pasen en el “otro lado del mundo” convirtiéndonos en simples espectadores mediáticos de la desdicha ajena.

Pero no nos engañemos.

Las adversidades foráneas no están tan lejos de nosotros como pudiéramos imaginar al sentarnos protegidos en nuestro pequeño salón detrás de la caja boba.
La excesiva información nos hace pasar de Libia a Japón en décimas de segundo sin percatarnos en realidad de la cantidad de desamparados que las noticias van dejando detrás para pasar de repente a la esperada información deportiva.

Jornada veintiocho.

Cinco empates en diez partidos de una jornada que vuelve a poner al rojo vivo el campeonato.
El Almería, el Levante y el Sporting puntúan demostrando, demostrándose, que quieren quedarse en primera por encima de todo.
El Getafe pierde dos puntos en las postrimerías de un partido que ya tenia ganado complicándose un poco más la existencia mientras el Barcelona los cede, no ante el Sevilla, sino ante su gran rival por el título.
Lección de futbol del Zaragoza ante un Valencia descafeinado y triste abandonado a la suerte de seguir intentando asegurar la tercera plaza que les llevaría directamente a Europa por la puerta grande aprovechando el tropezón descomunal de un submarino amarillo que se olvido de subir a la superficie.
El Espanyol y el Osasuna aprueban el examen en casa y el Málaga se agarra a ese clavo ardiendo que le permite seguir teniendo esperanzas en la división reina.
¿Y el Madrid?
El Madrid apura sus opciones a seguir peleando hasta el final para romper los pronósticos marcados por la lógica abstracta de un deporte en el que nada es lo que parece cuando al número siete no se le echa de menos.

Probablemente el Bernabeu marcará el desenlace final en el esperado clásico de todas las temporadas.
Que Dios reparta suerte y justicia.

Mención especial:

Hoy es para un tipo de treinta y un años que es aficionado a la decoración y el bricolaje y que posee un restaurante de alta cocina francesa en Lyon.
Un hombre casado y con tres hijas que es en esta temporada donde ha cuajado sin lugar a dudas la mejor campaña como profesional que se le recuerda.
Le describen como un buen tipo algo bromista y compañero de sus compañeros.
¿Lo adivinan?
Se llama Éric Abidal y juega en el fútbol club Barcelona.

Esta semana se la ha detectado un tumor en el hígado y todos, absolutamente todos los clubs balompédicos del mundo han mostrado su preocupación y su apoyo a un compañero de profesión demostrando, una vez más, que hay cosas que siempre estarán por encima de cualquier clase de rivalidad fanática o estúpida.
Desde aquí todo nuestro apoyo a este lateral izquierdo (o central) que nos ha hecho disfrutar de su juego, carisma, entrega y aptitud.

Pero ya lo decía antes queridos lectores, la desdicha ajena se encuentra a veces en la habitación de al lado.

Y eso como mínimo se merece una reflexión

sábado, 12 de marzo de 2011

Especial 11M "FINAL DE TRAYECTO"

Aquel día no recuerdo si estaba lloviendo.

Recuerdo eso sí que más o menos al mediodía el sol brillaba en los claroscuros de un cielo cada vez más gris.
Esta ciudad, al igual que cada una en las que he tenido la suerte de convivir, tiene un ritmo propio y singular en los días de la semana en los que la vida sigue sin pararse delante nuestro haciéndonos meros espectadores del transcurso rutinario de una de esas miles de jornadas que se acaban a la hora de dormir.
Aquel día no.

Al igual que aquel murmullo que en cualquier taberna que se precie tiene la cualidad de crecer en decibelios hasta integrar, integrarse, en todas y cada una de las conversaciones aisladas en ambos bandos del local, fue el silencio el que se apodero de las calles aquel día.
Primero fue una luz demasiado intensa como para distinguir ningún porqué, después la tranquilidad mortecina del olor a chamusquina, al momento, en la lejanía, se podía distinguir alguna sirena de bomberos pidiendo auxilio.
Demasiadas sensaciones recién levantadas como para percatarse, en aquel momento, de la magnitud de lo acontecido.
Lo malo del dolor es la frustración de no saberte preparado para sufrirlo, lo malo del destino es ignorar en que lado del andén te encuentras.
No estábamos preparados para semejante insulto a una humanidad despechada en sus quehaceres locales sin, probablemente, atreverse a mirar más allá de un horizonte cubierto de sangre.

En una de esas horas a las que a los crápulas nos invitan educadamente a abandonar por las buenas el local de turno que está fuera de hora y en las que la gente decente ya levantada va camino de su salario mensual, el diablo en forma de líder espiritual se abalanzó sobre la capital del reino dictando palabra por palabra las más oscuras frases de un Apocalipsis demasiado lejano para las mentes envueltas en los algodones de una sociedad capitalista demasiado alejada del horror.

Ese descomunal silencio dio paso al más doloroso llanto de una ciudad, de un barrio de un país que de repente se sintió vulnerable.

Y es ahí donde el miedo tomo la valentía de dar un paso al frente para derrocar al conservadurismo barato de aquellos que individualizan unos pensamientos comunes creyéndose profetas de algo o de alguien que a fin de cuentas (y con la lectura del paso del tiempo por bandera) no representan.

Discúlpenme queridos lectores pero, (y esta será la única excepción que confirme la regla), en este post no hablaré de Mourinho, de Iniesta, de Guardiola o del ilustrísimo señor Vicente del Bosque, no.

Hoy la noticia, llamarlo si os place homenaje, son ciento noventa y un héroes anónimos que se convirtieron en mártires en una mañana de jueves a diez días de primavera y esos miles de heridos que nos siguen acompañando bajo la frustración de haberse enfrentado a la muerte mirándola fijamente a los ojos.

También para esos cientos, miles de voluntarios que nos enseñaron a creer en un ser humano tosco, egoísta y ermitaño que en ocasiones se sobrepone a las adversidades para demostrar que en el fondo seguimos teniendo corazón.
Pero solo nos damos cuenta del mal mayor cuando juzgamos desde fuera un posible mal menor del que quisiéramos tener algún poder.

Aquel día todos, absolutamente todos, viajábamos en un mismo sentido sin saber donde cojones estaba la estación de destino.

Y no puede haber nadie que se digne a comentar algo al respecto.

Madrid se acostumbró a recibir a individuos de todas las partes de la geografía aceptándolos como miembros propios de una comunidad acostumbrada a tolerar costumbres ajenas.
Sus gentes reaccionaron, reaccionamos, para bien o para mal dependiendo de los hechos.
Los hechos marcan las vicisitudes de una época convulsa.
La convulsión nunca es buena salvo para recordarla.

El recuerdo siempre nos acompañará.


Era hora punta aquella mañana de Marzo de hace nueve años.