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jueves, 4 de abril de 2013

"DE AQUELLO DE LOS PROVERBIOS Y LOS REFRANES"


Decían aquello de que en abril, aguas mil, en uno de aquellos refranes míticos que han ido pasando de generación en degeneración desde los tiempos aquellos en que nuestra España estaba inmersa en una durísima larga postguerra donde, lógicamente, la pobreza, el hambre y el analfabetismo eran los símbolos estéticos de un país demasiado alejado de la realidad actual.

¿O no?

La sabiduría popular siempre se ha destacado por la sencillez y el acierto de todas aquellas teorías salidas desde la observación rutinaria de aquellos individuos e individuas que sobrevivían de sol a sol en circunstancias generalmente adversas y de las que todas las generaciones posteriores deberíamos sentirnos orgullosos.

Tal día como hoy, el cuatro de abril de mil novecientos setenta y tres, se inauguraba en Nueva York el complejo de edificios del World Trade Center, encarnación simbólica del poder de un sistema capitalista de un planeta que empezaba a mirar hacia un futuro más global y moderno.
Una humanidad que quería olvidar los desenlaces dramáticos de un siglo envuelto en conflictos lamentables a nivel mundial y que de aquella vivía todavía bajo la amenaza real de una contienda silenciosa y fría que alteraría de forma demasiado sobrecogedora la futura paz mundial de una sociedad que salía de la depresión frustrante del final de los años del amor libre y de la protesta ruidosa de aquellos activistas que imaginaron un mundo mejor.

Las torres se erigieron imponentes en la parte financiera de la metrópoli anunciando el cambio de ciclo de unos territorios oficialmente desarrollados pero que en cambio llevaban lustros autodestruyéndose entre ellos de manera, como mínimo, lamentable, desmontando la tesis de ese posible adelanto respecto a otros territorios más anclados en el pasado.
Cuarenta años después (como pasa el tiempo), el mundo no solo no ha mejorado sino que cada vez se acerca demasiado a un Apocalipsis no deseado por nadie.

Las instituciones, empezando por la Organización de las Naciones Unidas, han demostrado su incompetencia en las lides más importantes que pudieran afectar al desarrollo mundial de un planeta cada vez más compungido.
El desarrollo ha sido desigual en las distintas partes de un sistema cada vez más desigual y las infraestructuras han dejado paso a los recortes que mayoritariamente han afectado al desarrollo social de las distintas comunidades que ayer miraban al horizonte con esperanza y hoy buscan resistir encerrados en el oscuro universo de las dudas existenciales.

No es casualidad que las torres gemelas hayan dejado de existir en una mañana soleada de un verano moribundo en pleno inicio de un milenio cada día más oscuro.

Y no es casualidad que los (presuntos) autores de tal atentado representaran la parte arcaica de un mundo demasiado superlativo como para entender cualquier clase de comparación lógica con las intenciones burocráticas que nos vendían en hoteles de cinco estrellas los dirigentes mundiales del poder y el exceso.

No es normal que en todos los países sigan existiendo rencillas de un pasado más o menos reciente para apuntalar posibles cismas futuros que solo sirven para aquello conocido como autodestrucción.
Es lamentable que todos los avances científicos o tecnológicos solo nos sirvan para incrementar las segmentaciones tribales de un ser humano que, ya desde hace tiempo, ha demostrado ser probablemente el animal menos inteligente de aquel paraíso soñado en las escrituras bíblicas.

Hoy miramos al mañana con la frustración propia de saber que no controlamos nuestro futuro ni el de los nuestros.
Nos enseñan banderas a las que agarrarnos, himnos antiguos que cantar en celebraciones y nos engañan con un patriotismo demasiado ilustrado en conceptos vetustos y añejos de los que ya no tenemos conciencia real para, inconscientemente, involucrarnos en las ideas y comodidades propias de los súbditos del gran poder.

El pueblo que no recuerda su historia esta condenado a repetirla dicen.

Lo que no nos cuentan es que son ellos (jefaturas, gobiernos, gobernaciones, administraciones…) los que ignoran esos refranes rurales que nos anuncian que mañana puede volver a salir el sol.

(Para Natalia por su ayuda)  

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